Niños asesinos



 

"Los milicianos krahn, una pandilla de unos doscientos, adelantaban por la calle Mayor. Iban armados con AK-47, machetes, arpones de pescar y enseres de cocina, y tenían como objetivo tomar a la milicia NPFL de Charles Taylor el barrio de lujo de Mamba, a orillas del mar. Era abril de 1996, y Monrovia, la capital de Liberia, se había hundido en el caos. Habían muerto miles de personas y decenas de millares habían huido despavoridas.

Un comandante escuchó un ruido dentro de un edificio. "¿Qué es, esto?" berrearon excitados los soldados. Sacaron de su escondrijo en el segundo piso a un hombre desarmado. Nosotros lo considerábamos un vigilante que hacía todo lo posible por huir de las complicaciones pero, para los krahn, era un enemigo.
En un momento, una pandilla de unos diez soldados le estaban acosando como si fuera un animal. Le corrían alrededor clavándole bayonetas hasta que, sangrante a chorros, ya no pudo resistir más. El vigilante, un hombre tranquilo pero fuerte, no duró demasiado. Pronto le echaron un disparo en las espaldas y, mientras yacía moribundo, algunos soldados hacían turnos para clavarle en las espaldas un gran cuchillo de carnicero.

Quizás, la última imagen que tuvo antes de morir fue la de Double Trouble, un soldado de nueve años vestido con una camiseta de talla demasiado grande y de un rojo descolorido y calzado con sandalias, que se apropiaba el cuchillo y que hacía tanda por hundirle en medio de los hombros. Cogió una botella vacía de coca-cola que rompió encima de la cabeza del hombre moribundo a modo de "tiro de gracia". Double Trouble se quedó allá, plantado, y miraba alrededor en espera de la aprobación de los compañeros. Como si acabara de hacer un gol. El resultado, 1-0. Lo alzaron a hombros y le vitorearon.
"¿Dónde está tu madre?", le pedí cuando la batalla acabó. Hacía una cara suave e infantil, que arrugó entremedias de las cejas cuando respondió: "Está muerta". "¿Y tu papa?" "También está muerto. Todo el mundo está muerto". "¿Cuántos años tienes?", le pedí. "Soy lo suficientemente mayor para matar un hombre", me respondió.

Double Trouble. Uno de los miles de niños soldado de Liberia. La mayoría han sufrido más pérdidas y más dolor antes de los ocho años que ninguno de nosotros en toda una vida. Muchos vieron como les mataban los padres antes sus ojos o, incluso peor, les forzaron a matar a las personas que amaban como perverso ritual de iniciación. Pero todos los niños necesitan una familia y, pronto, la milicia se convirtió en su familia."  

 
  Fuente: Corinne DUFKA: “Children as Killers”, en Crimes of War. What the Public Should Know, coord. Por Roy GUTMAN y David RIEFF. N. York, Norton, 1999, pags. 78-79.