INTRODUCCIÓN HISTÓRICA AL CONFLICTO DE KOSOVO

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Introducción

La soberanía y el control de la provincia de Kosovo han enfrentado durante generaciones a serbios y albaneses. Los problemas en la provincia de Kosovo no son nuevos, sólo los acontecimientos de febrero y agosto de 1998 hicieron que los medios de comunicación y la comunidad internacional se fijasen en este conflicto, eclipsado por la guerra de Croacia y de Bosnia-Hercegovina. Los serbios son mayoritarios en Serbia y Montenegro, pero en la provincia de Kosovo la mayoría de la población es albanesa. Esta situación convierte a los albaneses de Kosovo en minoría y mayoría dentro de una misma realidad. Pero esta realidad actual es la consecuencia de un proceso histórico de enfrentamientos que se remontan a los siglos XIII y XIV. La historia de este territorio es un foco de controversia entre las dos comunidades. Para cada una de las dos partes la historia es muy diferente, ya que es precisamente la historia la que justifica los deseos de independencia de los albaneses de Kosovo, que reivindican la unidad de la nación albanesa (Kosovo, Macedonia y Albania), y la voluntad de control de este territorio, cuna de la nación y la iglesia ortodoxa serbia, por parte del poder en Belgrado y de los serbios de Kosovo.

Para los serbios, la provincia de Kosovo tiene más importancia simbólica y religiosa que estratégica, aunque no debe olvidarse que las rutas comerciales entre Yugoslavia y Macedonia, y entre Albania y Grecia pasan por Kosovo, y tampoco sus importantes minas de carbón y de cobre, que están infrautilizadas. Según la mitología serbia, Kosovo es la cuna de la nación serbia, el emplazamiento del patriarcado ortodoxo serbio, fundado en 1346. La iglesia más importante para la fe ortodoxa serbia se encuentra en la ciudad de Pec/Peja.
Los albaneses de Kosovo también tienen fuertes lazos emocionales e históricos con la provincia. Como descendientes de los ilirianos (2000 años a. C.), se reivindican como el pueblo más antiguo de los Balcanes y los pobladores originales de Kosovo. Esta versión es frontalmente rechazada por los serbios, que dicen que los albaneses musulmanes llegaron a Kosovo durante la dominación del Imperio otomano (1459-1912) provenientes de la actual Albania. Durante la dominación turca muchos serbios abandonaron la provincia después de diversas revueltas fallidas.

Lo único cierto es que las dos comunidades viven en Kosovo y que la población albanesa supone la mayoría de ésta (el 90 % de un total de 2.150.000 habitantes). La gestación de esta nueva fase del conflicto kosovar tuvo su origen en el año 1988, cuando una reforma constitucional promulgada por Slobodan Milosevic, entonces ya presidente de la República de Serbia, dejó sin efecto el estatus de provincia autónoma de Kosovo (efectiva desde la entrada en vigor de la Constitución de 1974). Pero para entender la importancia de este hecho es necesario hacer un repaso a la historia reciente de la inserción de Kosovo, primero en la Yugoslavia de Tito y después en la actual República Federal de Yugoslavia (Serbia y Montenegro).

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Desde el final de la Primera Guerra Mundial hasta la Segunda Guerra Mundial (1918-1945)

Poco después del final de la Primera Guerra Mundial, concretamente el primero de diciembre de 1918, Kosovo pasó a formar parte del reino de los serbios, croatas y eslovenos. Esta alianza derrotó a los turcos y los echó de la Península balcánica. Para los serbios de Kosovo, esta guerra supuso una liberación, pero para los albaneses (la mayoría de la población en aquellos momentos) ésta supuso una ocupación. Según el Instituto de Historia de Priština , de 1912 a 1927 Belgrado llevó a cabo una política de recolonización de población serbia y montengrina en el territorio de Kosovo. Según la misma fuente, de 1912 a 1914, 228.000 hectareas de terreno fueron ocupadas por unas 15.943 familias serbias. Terrenos de los cuales los albaneses fueron expulsados a la fuerza. Fruto de esta situación, en 1919, y en respuesta a las violaciones de los derechos humanos más básicos, incluida la prohibición de la educación en lengua albanesa, unos 10.000 albaneses cogieron las armas contra el Gobierno central del reino. En la represión de esta revuelta se cometieron muchas atrocidades, se armó a la población civil serbia y se relocalizaron a muchas mujeres y niños a campos de internamiento en el centro de Serbia. Después de esta revuelta, el Gobierno central intensificó el programa de colonización (colonización para los albaneses kosovares y recolonización para los ultranacionalistas serbios), prometió tierras y exenciones fiscales para los serbios que volvieran a Kosovo. Se estima que, fruto de este programa, legaron a Kosovo unas 70.000 personas (International Crisis Group).

En 1929, el reino de Serbia, Croacia y Eslovenia se convirtió en Yugoslavia. La nueva entidad estatal estaba dividida en nueve provincias con sus respectivos gobiernos. El territorio de Kosovo quedó dividido en tres de estas unidades administrativas. En el período de entreguerras gran parte de la tierra en manos de los albaneses de Kosovo fue confiscada y transferida al Estado. Durante 1933 Yugoslavia mantuvo conversaciones con el Gobierno turco con la intención de expulsar entre 200.000 y 300.000 albaneses a Turquía. Estas conversaciones duraron cinco años, y en 1938 se cerró el acuerdo con Turquía para deportar a 400.000 albaneses de Kosovo. De todas formas, este acuerdo no se pudo llevar a cabo a causa del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Según el Instituto de Historia de Priština, la tarea de planificación de la política de expulsión de los albaneses de Kosovo la llevó a cabo el Club Cultural Serbio. Uno de los serbios más activos en esta tarea fue Vasa Cubrilovic que ideó un proyecto llamado La expulsión de los albaneses. El objetivo de este Plan era la emigración forzosa de los albaneses hacia Albania y Turquía, mediante una serie de medidas, unas de tipo legal, y otras más directas como, por ejemplo, dar armas a los civiles serbios y provocar conflictos allá donde vivieran juntos. Es en el marco de este Plan donde se produjeron las conversaciones con Turquía para llevar a cabo emigraciones masivas de población albanesa.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Yugoslavia fue ocupada por las fuerzas del Eje. Durante la ocupación, Kosovo quedó dividido entre Bulgaria y Albania (gobernadas por Italia) y Alemania. La ocupación extranjera de Yugoslavia provocó el inicio de la resistencia armada en julio de 1941. En Serbia se organizó una fuerza de resistencia encabezada por el coronel del antiguo Ejército Yugoslavo, Draza Mihailovic. Al mismo tiempo, los comunistas, guiados por Josip Broz "Tito" (croata), crearon núcleos de resistencia en Serbia y Montenegro. En un principio lucharon juntos contra los invasores y colaboracionistas, pero con el tiempo los chetniks (los nacionalistas monárquicos de Mihailovic) se enfrentaron con los partisanos de Tito, llegando a aliarse con el enemigo ante el creciente poder de los comunistas. En esta situación, los chetniks llevaron a cabo represalias contra la población croata y musulmana (incluyendo a los albaneses de Kosovo). Esta política de los chetniks hizo todavía más amplio el apoyo a los partisanos. En noviembre de 1942, los comunistas ya controlaban gran parte de Bosnia, Croacia y la costa Dálmata. En 1944, los partisanos ya controlaban todas las zonas montañosas del país, y el 20 de octubre de ese mismo año, el Ejército popular, con más de 800.000 combatientes y ayudados por las fuerzas soviéticas liberaron Belgrado. Después de la finalización de la Segunda Guerra Mundial se produjo la reconstitución del Estado de Yugoslavia.

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La Yugoslavia de Josip Broz "Tito": 1945-1980

En febrero de 1945, un decreto del Consejo Antifascista de Liberación Nacional (Antifasisticko Vijece Narodnog Oslobodjenja Jugoslavije, AVNOJ), Asamblea Legislativa creada en 1942 por los comunistas, dejó sin efecto la legislación del anterior estado yugoslavo. Se promulgó una nueva Constitución del 31 de enero de 1946 que proclamaba la República Federal Popular de Yugoslavia. En este marco constitucional, Serbia, Croacia, Eslovenia, Bosnia-Hercegovina, Montenegro y Macedonia, adquirían la condición de repúblicas federadas; la Vojvodina se convertía en provincia autónoma dentro de Serbia, y la población albanesa de Kosovo y Metohija se integraban en la región autónoma de Kosmet (es decir, con rango inferior), también dentro de Serbia (no fue hasta 1968 cuando el Kosmet accedió a la condición de provincia autónoma y recibió el nombre de Kosovo). Será a partir de este momento cuando la política yugoslava se caracterizará por el equilibrio entre las aspiraciones de las diferentes repúblicas y la orientación unitaria de la política federal dictada por los órganos centrales del Gobierno y del partido (Carles Taibo/José Carlos Lechado, 1995). A partir de este momento, la nueva Constitución permitió a Kosovo dirigir sus propio desarrollo económico y cultural, y también veló por la protección de los derechos de sus ciudadanos. Al mismo tiempo, el Gobierno de Belgrado disminuyó la restricción en el uso de la lengua albanesa y redujo la intensidad del programa de colonización (o recolonización), que había sido detenido durante la guerra.

Según el Instituto de Historia de Priština, a pesar de las mejoras constitucionales también durante los años 50 muchos albaneses fueron expatriados y enviados (palabras textuales) sobre todo a Turquía. Según este mismo instituto, entre los años 1955 y 1960 salieron de Yugoslavia (entre expatriados y emigrados) cerca de 117.000 albaneses. La Segunda Guerra Mundial dejó a Yugoslavia prácticamente sin estructura económica, deterioró la mayoría de líneas de transporte, las ciudades y la mayoría de las fábricas necesitaban una reconstrucción urgente de su infraestructura económica y productiva. No es de extrañar, pues, que no sólo se expatriara forzosamente a mucha gente, sino que las difíciles condiciones fueran el detonante para tomar la decisión de marcharse de muchos albaneses.

En 1963, la República Federal Popular de Yugoslavia adoptó una nueva Constitución. Entre los cambios institucionales más importantes destacó el cambio de nombre, ahora la República Federal Popular Yugoslava se pasó a llamar República Federal Socialista Yugoslava. También se creó un Tribunal Constitucional que tenía que velar por su cumplimiento. Una de las novedades institucionales fue la creación de una Cámara de las Nacionalidades en la Asamblea Federal. Esta Cámara adquirió cada vez más protagonismo, y se convirtió en uno de los motores de la transformación económica y administrativa del país, en la medida en que las controversias políticas entre las repúblicas se articularon en esta Cámara . Esto supuso un proceso de federalización del Estado que llevó a aumentar las competencias de esta Cámara. En 1968, la Cámara de las Nacionalidades pasa a llamarse Cámara de los Delegados de las Repúblicas y las Provincias Autónomas. También es precisamente en 1968 cuando la región autónoma de Kosmet adquirió el estatus de provincia autónoma de Kosovo. También la nueva Constitución otorgó el estatus de "comunidades sociopolíticas" a las provincias autónomas (Kosovo y Vojvodina), este estatus era el mismo que se atribuía a las repúblicas. La estructura federal se reproducía en cada una de las repúblicas y provincias, que contaban con sus gobiernos, asambleas legislativas y organizaciones judiciales. En aquellos momentos el poder en la República Federal Socialista Yugoslava estaba dividido entre dos posiciones diferenciadas: los liberales y los conservadores. Las diferencias ideológicas más importantes se dieron en el campo de la descentralización administrativa y la introducción de mecanismos de mercado. El decantamiento final de Tito por la opción liberal, partidaria de la descentralización administrativa y de una tercera vía al socialismo, hizo posible la redacción y promulgación de la Constitución de 1963.

En el caso de los albaneses de Kosovo esta nueva situación mejoró sus perspectivas. A principios de 1969 se les permitió utilizar la bandera de Albania como emblema nacional, y a finales de ese mismo año se inauguró la Universidad de Priština. A prinicipios de los 70 también se creó el Instituto de Historia de Priština, el Instituto de Albanología, la Universidad Nacional de Biblioteconomía, medios de comunicación, escuelas secundarias, elementales, guarderías y diversas asociaciones culturales y profesionales. La asignatura pendiente de Kosovo en aquellos momentos era su representación en el Parlamento Federal. A pesar de las mejoras, la actividad nacionalista de los albaneses de Kosovo no cesó en ningún momento. En 1971 se verificó una continua emigración de serbios de Kosovo hacia otras zonas de Yugoslavia debido a la creciente hostilidad de los nacionalistas albaneses. Hace falta recordar que durante la Segunda Guerra Mundial, la zona de Kosovo, bajo dominio italiano, había sido fusionada con Albania. Después de la guerra sus habitantes musulmanes se mostraron muy reticentes a la integración en la nueva Yugoslavia.

Mur pronto, en 1974, Yugoslavia adoptó una nueva Constitución (República Socialista Federativa de Yugoslavia/Historia Constitucional/La Constitución de 1974. El principio del final). Este nuevo texto dio más concesiones a las repúblicas y a las provincias autónomas. Con estas nuevas concesiones Belgrado intentó dejar sin argumentos a los movimientos nacionalistas e independentistas que habían surgido en Croacia en 1971, y que Belgrado reprimió con dureza. Esta nueva Constitución reconocía muchas de sus reivindicaciones. La Constitución de 1974, que se mantendría vigente hasta la desintegración de Yugoslavia, ratificó la condición de provincias autónomas de la Vojvodina y Kosovo. Pero, además, la provincia de Kosovo quedó habilitada para participar en el Gobierno federal, mediante su propia representación en la Presidencia Federal rotatoria (ver sistema político) y con sus propios parlamentarios en el Parlamento Federal. Incluso, Kosovo adoptó su propia Constitución, ya que el nuevo texto constitucional lo permitía.

El mismo año, la Asamblea Federal concedió a Tito el cargo a título vitalicio, lo mismo hizo la Liga de los Comunistas de Yugoslavia en su X Congreso (1974). Y es que la figura del mariscal Tito, ya octogenario, se había convertido en una fuente de legitimación carismática del Estado. A partir de aquel momento, Tito se dedicó a las funciones de representación máxima del Estado en las relaciones internacionales. De hecho, el sistema de presidencia colectiva rotatoria, formada por representantes de las diferentes regiones y provincias autónomas (9 miembros, 8 representantes y el presidente de la Liga de los Comunistas de Yugoslavia), fue el mecanismo diseñado para preparar la sucesión de Josip Broz "Tito" al frente de la República Federal Socialista de Yugoslavia.

A partir de 1977 las repúblicas asumieron la capacidad de disponer de las divisas que generaban, con lo que el Gobierno federal sólo mantenía, en el ámbito económico, las funciones relacionadas con la representación exterior, las negociaciones con el Banco Mundial, la fabricación de moneda y la supervisión del Fondo Federal para el Desarrollo Acelerado de las Repúblicas Subdesarrolladas y Kosovo. Este fondo, financiado fiscalmente por todas las repúblicas, fue el motivo de crítica por parte de las repúblicas más ricas, que denunciaban que este sistema era irracional y que la política centralizada de redistribución de recursos suponía un desperdicio de éstos. Fueron sobre todo los croatas y los eslovenos los que argumentaron que, en comparación con los países de Europa Occidental, Yugoslavia estaba en una situación de subdesarrollo y, por tanto, no era justo sacar los recursos de aquellas repúblicas donde el grado de desarrollo estaba medianamente avanzado. Para el Gobierno central, este era un sistema imprescindible para mantener la solidaridad interrepublicana y para superar las tendencias a la desunión (Carles Taibo/José Carlos Lechado, 1995). También ayudó al descontento de las repúblicas más ricas el hecho de que el modelo yugoslavo, a pesar de que al principio dio cifras de crecimiento económico aceptable y aumentó la capacidad y el nivel de consumo, no dio resultados plenamente satisfactorios en la estabilización y el equilibrio de la economía. También influyó en la economía la situación de aislamiento internacional que sufría Yugoslavia, con relaciones frías (económicamente hablando) con el oeste capitalista por la denominación oficial de país socialista, y bloqueado por el bloque soviético desde 1948 por su heterodoxia respecto a la línea oficial, y acusados de revisionistas. Esta también fue una de las razones que hicieron que Yugoslavia encabezara el Movimiento Internacional de los no Alineados.

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La era de Slobodan Milosevic. La ruptura de la homogeneidad política de la República Federal Socialista Yugoslava.

En 1980 se sucedieron dos situaciones que volvieron a encender los nacionalismos, sobre todo en Kosovo. Por una parte, el 4 de mayo de 1980 murió el mariscal Tito, la fuente carismática de legitimación de la República Federal surgida de la Segunda Guerra Mundial. Por otra parte, a finales de los 70 y principios de los 80 la crisis económica agravó los problemas del modelo económico yugoslavo. Algunos de estos problemas eran la inflación, el endeudamiento exterior, la escasa productividad de las empresas, el descenso de los intercambios comerciales con Europa Occidental y la reducción de los créditos aportados por la Comunidad Económica Europea. El foco nacionalista más importante en aquellos momentos era precisamente la provincia autónoma de Kosovo. Según International Crisis Group, después de la muerte de Tito los serbios de Kosovo presionaron para volver al antiguo sistema político, donde los serbios de Kosovo tenían los mayores privilegios y el poder político. Es necesario recordar que durante la década de los 70 los albaneses de Kosovo incrementaron considerablemente su participación en los sectores económicos, políticos, burocráticos y policiales en Kosovo. Los albaneses llegaron a ser las dos terceras partes de los miembros de la Liga de los Comunistas Locales, y las tres cuartas partes de los cuerpos locales de policía y fuerzas de seguridad.

La revuelta en Kosovo en 1981 empezó con manifestaciones de los estudiantes de la Universidad de Priština. A estas manifestaciones se sumaron diferentes sectores de los trabajadores. Este movimiento, de claro carácter antiserbio, se extendió rápidamente a las poblaciones albanesas de Macedonia y Montenegro, llegando incluso a las comunidades albanesas que vivían en Belgrado y Zagreb. La respuesta del Gobierno federal fue la instauración del estado de emergencia en la provincia y una política represiva muy dura. Hacia el final de 1987 los tribunales yugoslavos impusieron penas de prisión a albaneses por motivos políticos.

Paralelamente a estos acontecimientos, en 1985, la Academia Serbia de las Ciencias hizo un memorándum que recomendaba la anulación de los derechos que la Constitución de 1974 daba a la provincia autónoma de Kosovo, y hacía un llamamiento para la creación de la "Gran Serbia". Uno de los responsables de esta academia era Dobrica Cosic, en aquellos momentos mentor político de Slobodan Milosevic. En este memorándum se relataba, siempre según la opinión de sus autores, la discriminación de la que eran objeto los serbios de Kosovo, y se ponía de manifiesto la reducción del porcentaje de población serbia presentes en determinadas áreas de Croacia (Kordum, Banja y Lika) y en Kosovo.

Es al final de la dácada de los 80 cuando aparece una de las figuras fundamentales en las convulsiones que han afectado, y afectan, a los Balcanes en la década de los 90. Esta no es otra que la de Slobodan Milosevic. La figura de Slobodan Milosevic es imprescindible para entender el ascenso del nacionalismo serbio y el aumento de las tendencias recentralizadoras de Belgrado. Este proceso ha sido denominado por autores como Paul Garde (Viet et mort de la Yougoslavie, 1992) como una verdadera "revolución cultural". Este nacionalismo se forjó bajo la idea (inspirada por Dobrica Cosic) de que la federalización de Yugoslavia había ido en contra de los intereses serbios y, por tanto, con una crítica abierta a la política que llevó a cabo Tito. Esta crítica hacia la política de Tito también se empezó a poner de manifiesto en Croacia y Eslovenia, aunque por motivos diferentes a los de Serbia. Para los nacionalistas serbios, las autonomías de la Vojvodina y i Kosovo, y el fortalecimiento de la República de Bosnia y Hercegovina, no era más que una política encaminada a disminuir la importancia y el poder de Serbia. Fruto de todo esto, y contrariamente a lo que se podía esperar, el nacionalismo que cogió más fuerza después de la muerte de Tito fue el serbio.

En 1987, Milosevic llegó a la Presidencia de la Liga Serbia de los Comunistas y, dos años más tarde, en mayo de 1989, llegaría a la a la Presidencia de la República Serbia, en un escenario donde cada día ganaba más adeptos. En 1988, la Asamblea de Serbia adoptó una serie de reformas en su Constitución que abolieron muchas de las competencias de la provincia autónoma de Kosovo. Concretamente, quedaron anulados el control de las fuerzas policiales kosovares, de los organismos civiles y criminales, la defensa civil, y de las políticas económicas, sociales y educativas. También estas modificaciones provocaron una prohibición efectiva del uso oficial de la lengua albanesa. Este paquete de reformas no se pudo hacer efectiva hasta 1990, cuando los tanques de las fuerzas de seguridad serbias rodearon el Parlamento de Priština para obligar a la Asamblea kosovar a aceptarlas. Es necesario recordar que la Constitución Federal de 1974 (la Constitución de toda la RFSY), obligaba a que todas las decisiones referentes al estatus de las entidades federadas o autonomías tuvieran que ser aceptadas por los parlamentos directamente implicados. Evidentemente, el Parlamento de Kosovo no dio muchas facilidades para llevar a cabo el visto bueno. La intervención final del Ejército también sirvió para reprimir las manifestaciones de rechazo a la actitud de Belgrado y de Milosevic.

El final de la Liga de los Comunistas de Yugoslavia

Otro hecho de suma importancia, y que anticipaba los futuros acontecimientos en la República Federal Socialista de Yugoslavia, fue la virtual desaparición de la Liga de los Comunistas de Yugoslavia (LC) en 1990. El Congreso que hizo la LC en Belgrado en enero de 1990 fue muy conflictivo a causa de las propuestas eslovenas de reestructuración de la LC. La delegación eslovena reivindicaba la plena independencia de cada una de las organizaciones republicanas. Esta propuesta fue rechazada frontalmente por la delegación Serbia. Este rechazo provocó el abandono del Congreso por parte de los eslovenos y de los croatas (conscientes de su poca fuerza electoral dentro de la LC), y la suspensión sine die del Congreso. Esto marcó el fin de otro de los elementos vertebradores del régimen surgido de la Segunda Guerra Mundial.

En 1990, la Asamblea de Serbia continuó con el proceso de destrucción de la autonomía de Kosovo. Mediante decretos animó a los serbios a volver a Kosovo, mientras iba suprimiendo los derechos de los albaneses. Muchos de estos decretos instaron a crear municipalidades "sólo serbias", prohibieron la venta de propiedades por parte de los serbios que se iban a los albaneses, prohibieron los diarios en lengua albanesa, cerraron la Academia Kosovar de las Ciencias y echaron a miles de funcionarios albaneses. En respuesta a este ataque contra la autonomía kosovar, el 2 de julio de 1990, los miembros albaneses de la Asamblea de Priština declararon Kosovo "una entidad igual e independiente en el marco de la Federación Yugoslava", es decir, una declaración de independencia de la República Serbia. La respuesta de Belgrado a este desafío fue inmediata. Belgrado disolvió el Parlamento de de Priština y el Gobierno de la provincia autónoma de Kosovo. Pocos días después de estos acontecimientos se celebró el referéndum para aprobar las nuevas disposiciones de la Constitución de la República Serbia. En el referéndum, un 96,8 % de los votantes dio el visto bueno y aprobó el cambio (recordemos que estos cambios afectaban sobre todo a la autonomía de Kosovo). Por su parte, en la provincia de Kosovo la participación fue escasa, sólo votó un 25 % de la población.

Estos acontecimientos provocaron el inicio de la emigración de muchos albaneses de Kosovo hacia otros territorios y las protestas en las calles de Priština. Fruto de esta situación, Belgrado volvió a decretar el estado de emergencia den la provincia. Mientras en Belgrado se celebraba como una victoria, en Kosovo las fuerzas de seguridad serbias reprimían con dureza las protestas.

Dos meses después, concretamente el 7 de septiembre de 1990, los miembros albaneses del Parlamento de Priština se reunieron en una sesión clandestina. En esta sesión se redactó la Constitución de la República de Kosovo, y se decidió convocar un referéndum clandestino para aprobarla. Este referéndum se llevó a cabo utilizando incluso casas particulares para ejercer el voto. Según fuentes de los mismos albaneses de Kosovo participó el 87 % del censo oficial de votantes, y el 99 % aprobó el texto y escogió la opción de la independencia.
Mientras todo esto pasaba, el régimen serbio de Belgrado inició una política de marginación económica de los albaneses de Kosovo.

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La década más trágica en los Balcanes (1990-1998)

Mientras Milosevic llevaba a cabo la destrucción de la autonomía de Kosovo, Belgrado puso en marcha un proceso de marginación hacia el resto de las repúblicas yugoslavas. Este proceso consistió, en primer lugar, en bloquear la rotación de la Presidencia Federal y, en segundo lugar, en ir echando de los lugares clave de la Federación a todos aquellos que no fueran serbios. Ante esta situación fue insostenible la supervivencia de la Federación. En junio de 1991, Croacia y Eslovenia declararon su independencia. Esto supuso el inicio de la guerra en los Balcanes y uno de los episodios más vergonzosos de Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Inmediatamente, el Ejército nacional yugoslavo empezó a tomar posiciones estratégicas en Croacia y Eslovenia. A las declaraciones de independencia de Kosovo, Croacia y Eslovenia se añadieron las de Bosnia-Hercegovina y de Macedonia. El desmembramiento de la República Federal Socialista Yugoslava era ya un hecho. Eslovenia y Croacia fueron reconocidas como países independientes a principios de 1992, mientras que Bosnia-Hercegovina tuvo que esperar unos meses. El reconocimiento de Macedonia no llegó hasta 1993. En respuesta a las declaraciones de independencia Serbia y Montenegro se fusionaron en un Estado: la República Federal de Yugoslavia. El final de la guerra a Bosnia-Hercegovina llegó en 1995, con la firma de los acuerdos de Dayton, EUA, por parte de los jefes de las tres partes implicadas: Slobodan Milosevic, Franjo Tujman y Alija Izetbegovic.

Entretanto, en Kosovo, después de proclamar la independencia y la Constitución de la República de Kosovo mediante el referéndum clandestino, los albaneses kosovares decidieron organizar unas elecciones paralelas para su Parlamento y para el presidente. Estas elecciones tuvieron lugar el 24 de mayo de 1992. El Parlamento clandestino de la República de Kosovo constaba de 130 miembros, 14 de los cuales están reservados a los serbios de Kosovo (obviamente estos catorce escaños no se ocuparon a causa del boicot de los serbios a estas instituciones paralelas). Estas elecciones las ganó la Liga Democrática de Kosovo (LDK) con el 76,4 % de los votos, y su líder, Ibrahim Rugova, fue elegido presidente. De hecho, este Parlamento no se llegó ha reunir nunca, hubo un intento en junio de 1992, pero la vigilancia de la policía serbia lo desaconsejó por seguridad.

Durante este período (1989 - febrero/marzo de 1998) en la provincia de Kosovo hubo una especie de guerra fría entre las dos comunidades y una separación institucional. Los albaneses de Kosovo vivieron de espaldas a Serbia y a Belgrado. Los albaneses kosovares optaron por la no violencia. Su presidente, Ibrahim Rugova, no era (ni ahora tampoco lo es) partidario de la violencia como instrumento. Rugova hizo suya la postura de Gandhi y Martin Lutter King, es decir, conseguir sus objetivos sin utilizar ningún tipo de violencia. La dirección de los albaneses kosovares optó por construir instituciones paralelas a las de la República Federal Yugoslava. Esta política les llevó, no sólo a construir instituciones políticas y de gobierno propias, sino que también crearon un sistema educativo (que llegó hasta el nivel universitario) y sanitario paralelo, y medios de comunicación en lengua albanesa (de radio y escritos). Está claro que esta política de actuar como si vivieran en un Estado independiente fue más simbólica que operativa. Evidentemente, las dificultades y la represión del Gobierno de Belgrado fueron una constante, sobre todo si tenemos en cuenta que el régimen de Milosevic no era precisamente un ejemplo en el respeto de los derechos humanos y de las minorías. Un informe del Departamento de Estado de Estados Unidos (no muy sospechoso de dar apoyo a grupos insurgentes o independentistas) de 1997, hablaba de continuas violaciones de los derechos humanos en la provincia de Kosovo. Violencia política, incluyendo asesinatos y torturas por parte de las fuerzas policiales, detenciones arbitrarias y obtención de "confesiones" después de interrogatorios con todo tipo de malos tratos, registros ilegales en domicilios, etc.

A pesar de esto, durante ocho años, el Gobierno de Belgrado se abstuvo siempre de utilizar la violencia directa (el Ejército) para poner fin a esta política de los albaneses kosovares. Es necesario tener en cuenta que hasta 1996, la atención de Belgrado estuvo principalmente en las guerras de Croacia y de Bosnia-Hercegovina.

La construcción de un Estado paralelo que intentaron llevar a cabo las autoridades de los albaneses de Kosovo estaba financiado a través de un impuesto que pagaban todos los albaneses kosovares que estaban fuera de Kosovo y por las aportaciones de los albaneses que vivían en Kosovo. Este impuesto consistía en que cada albanés kosovar que se encontrara fuera de la provincia tenía la obligación de destinar el 3 % de su sueldo a las reservas de la República de Kosovo. Con este dinero se pagaban los médicos, los profesores y la organización de estas instituciones paralelas.

Después de seis años, la mayoría de los estudiantes albaneses de primaria tenían acceso a un sistema educativo propio en lengua albanesa, también una buena parte de los estudiantes de secundaria tenían esta posibilidad. En el ámbito universitario la situación era muy precaria, los alumnos debían estudiar en garajes o en las mezquitas, además, el título universitario no era reconocido por nadie. Durante 1998 salieron los primeros médicos formados totalmente dentro del sistema paralelo. Este sistema paralelo se hizo necesario porque el sistema educativo oficial (serbio) no tenía en cuenta la posibilidad de estudiar en lengua albanesa y porque la visión de la historia y de su realidad no se correspondía con la visión de los albaneses de Kosovo. Por lo que respecta al sistema de salud, fue implantado por las mismas razones que el sistema educativo. Todos los médicos albaneses perdieron su trabajo en los hospitales del sistema oficial, y muchos albaneses de Kosovo eran reticentes a la hora de ir a un médico serbio. El sistema sanitario paralelo comprendía el la Red de Asistencia de la Sociedad Madre Teresa (que era albanesa, nacida en Macedonia) que da asistencia sanitaria a 57.000 familias, y 92 pequeñas clínicas distribuidas por todo el territorio de Kosovo. Tanto la asistencia sanitaria como los medicamentos eran de carácter gratuito. También algunas organizaciones internacionales han llevado a cabo campañas de vacunación, todas ellas aprobadas por el Gobierno de Belgrado.
Los albaneses de Kosovo están muy orgullosos de lo que fue su sistema paralelo, pero ni el sistema educativo ni el sanitario podían cubrir todas las necesidades de la población albanesa de Kosovo. Estas necesidades no se pueden cubrir sólo con voluntad, hacen falta muchos recursos.

En septiembre de 1996, después de unas negociaciones entre Milosevic y Rugova, propiciadas por la Comunidad de San Egidio (organización dependiente del Vaticano) en Roma, se llegó a un acuerdo (firmado por separado) para solucionar la cuestión del sistema educativo (Acuerdo de Roma). Este acuerdo pretendía hacer posible el retorno de los estudiantes albaneses a las escuelas oficiales. Lo cierto es que este acuerdo no se pudo implementar. En el mismo año 1996, aparecen en la escena kosovar dos actores de vital importancia. Por una parte, se empiezan a organizar los estudiantes albaneses. Fruto de esto, la Unión de Estudiantes Independientes organiza la primera manifestación en agosto de 1997. En octubre del mismo año una protesta pacífica movilizó a más de 20.000 estudiantes en Priština y en otras ciudades de Kosovo. Es sintomático que estas manifestaciones se hicieran en contra del deseo de Rugova, que ya empezaba a ser cuestionado por algunos sectores de los albaneses de Kosovo. Estas manifestaciones de los estudiantes no eran más que el resultado de la frustración por la no-implementación del Acuerdo de Roma, y la demostración de que ellos no tenían tanta paciencia como Rugova.
El segundo elemento que ve la luz en febrero de 1996 es el Ejército de Liberación de Kosovo (sus siglas en albanés son UCK). En un primer momento actúan como un grupo terrorista y realizan algunos atentados. Los días 10 y 11 de septiembre de 1997, el UCK hizo su demostración más espectacular. En sólo cuatro horas llevó a cabo diez acciones coordinadas en un radio de 150 km contra cuarteles y vehículos de la policía serbia. Estas acciones dejaron claro que el UCK era un grupo bien organizado, capaz de llevar a cabo acciones complejas en situaciones difíciles. Además, el radio de actuación dio una idea de su presencia en el territorio. Pero no es hasta noviembre de 1997, cuando se dan a conocer en público en el funeral de un albanés de Kosovo asesinado a tiros por la policía serbia. De hecho, durante mucho tiempo nadie tenía claro quién y cuántos eran y cómo se formó. El UCK intensificó su campaña de atentados en diciembre de 1997.

Los líderes de la comunidad albanesa de Kosovo, Ibrahim Rugova del LDK y Adem Demaci del PPK (ver "actores kosovares de la crisis") reaccionaron de forma diferente ante la aparición de este actor armado. Rugova rechazó reconocer la existencia del UCK, pero dijo que en el caso de que existiera una radicalización de los albaneses de Kosovo, sería sólo como consecuencia de la ocupación serbia y de la inactividad de la comunidad internacional, y se desmarcó así de todas las acciones del supuesto UCK. Por su parte, el PPK (Partido Parlamentario de Kosovo) sí que aceptó su existencia. Incluso su líder, Adem Demaci, dirigió una carta abierta al UCK pidiendo a éste que decretara una moratoria en la lucha armada para dar la oportunidad a los serbios de reconsiderar su posición y renegociar la inserción de Kosovo en la República Federal Yugoslava. Ninguna de las dos circunstancias sucedió, ni los serbios reconsideraron su posición, ni el el UCK decretó un alto el fuego. En enero de 1998, el UCK asesinó a un miembro serbio de un Consejo Municipal.

A principios de 1998, el UCK continuaba siendo un enigma, pero muchos analistas (International Crisis Group) afirman que el nacimiento y fortalecimiento de esta grupo armado fue fruto, por una parte, de la opresión de los serbios en Kosovo, y por otra, de la infructuosa política de la no violencia llevada a cabo por Ibrahim Rugova y de la inoperatividad de la comunidad internacional. Otro factor que favoreció el fortalecimiento del UCK fue la crisis que había sufrido la vecina Albania en la primavera de 1997. Durante la crisis albanesa, mucho material militar del Ejército albanés se perdió y fue a parar en muchas ocasiones al UCK, pero además, mientras el Ejército albanés se concentraba en Tirana y en las grandes ciudades, el UCK se pudo mover con más libertad por la frontera norte de Albania. Fruto de todo esto, el UCK mejoró considerablemente su movilidad y potencial bélico. Lo único que es cierto es que la aparición del UCK demostró que existían formas diferentes a las de la Liga Democrática de Kosovo de ver y afrontar la crisis.

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El agravamiento de la crisis: febrero de 1998

En febrero de 1998, la policía serbia llevó a cabo una operación contra los independentistas albaneses de Kosovo en la región de Drenica, en el triángulo formado por los municipios de Skenderaj, Klina y Gllogovc. Con esta operación, Milosevic quería acabar con los miembros más activos del UCK. En esta operación murieron unas 80 personas, quemaron casas y provocaron el éxodo de civiles desarmados de muchos pueblos de la zona. Entre las víctimas de la operación de la policía serbia hubo mujeres y niños. Esto provocó un efecto contrario al deseado por Milosevic. No sólo no consiguió acabar con el movimiento, sino que fue después de esta acción cuando el UCK empezó a recibir el apoyo de una parte importante de la población albanesa de Kosovo. De la misma forma, esto aumentó el ritmo de adhesiones al UCK y, por tanto, aumentó su número de efectivos. Según International Crisis Group, el sentimiento de muchos albaneses de Kosovo era que al menos tenían un Ejército decidido a luchar por su causa. Al mismo tiempo, esta acción también provocó fuertes manifestaciones en las calles de Priština en contra de la violencia, por parte de los estudiantes. Ya en aquellos momentos la política pacifista de Rugova era discutida, pero después de los hechos de febrero en Drenica, su posición se volvió todavía más débil. Es necesario recordar que ya en octubre de 1997, los estudiantes de la Unión Independiente de Estudiantes (UPS) convocaron manifestaciones desobedeciendo las consignas del LDK de Rugova.

Como respuesta a los acontecimientos de la zona de Drenica la comunidad internacional empezó a reaccionar. En una reunión el 9 de marzo de 1998 en Londres, del Grupo de Contacto para la antigua Yugoslavia (ministros de Asuntos Exteriores de Alemania, Francia, Italia, la Federación Rusa, del Reino Unido y de Estados Unidos) hizo un llamamiento a Milosevic para que empezara negociaciones con los albaneses de Kosovo. El Gobierno de Belgrado estuvo de acuerdo, pero rechazó cualquier tipo de mediación internacional. Ibrahim Rugova, por su parte, sostenía una posición contraria. Estaba dispuesto a hablar con Milosevic, pero siempre que interviniera un mediador internacional. Sin embargo, el 24 de marzo, Rugova tuvo preparado a su equipo negociador formado por quince personas (G-15), aunque en la práctica fueron trece. Adem Demaci, líder del PPK, se negó a participar y Bujar Bukoshi (autoproclamado primer ministro de la República de Kosovo en el exilio) tampoco estuvo presente.

Durante los meses de abril y mayo de 1998, la diplomacia de EUA intentó fijar una reunión entre Rugova y Milosevic. Finalmente, esta reunión tuvo lugar el 14 de mayo en Belgrado. Esta reunión se hizo sin que el G-15 (G-13) fuese informado. En protesta por esta circunstancia Hydajet Hyseni (miembro de la facción más radical del LDK) y Bujar Dugolli (representante de los estudiantes) abandonaron el grupo negociador. Lo único positivo que salió de aquella reunión fue el compromiso de hacer otras. Pero mientras todo esto pasaba, la ofensiva de la policía serbia continuaba en Kosovo. El 26 de mayo de 1998, la Unión Europea prohibió las inversiones en Yugoslavia como medida de presión sobre Milosevic. Al mismo tiempo, Rugova inició una gira diplomática que le llevó a Estados Unidos y a las principales capitales europeas, esta actitud de Rugova le llevó a distanciarse todavía más de la población albanesa de Kosovo.

En junio de 1998, Slobodan Milosevic hizo un viaje a Moscú. Durante este viaje, el Gobierno ruso presionó a Milosevic para que aceptara la presencia de observadores internacionales. La presión de la comunidad internacional (política, pero sobre todo económica) hacia Rusia hizo efecto. Milosevic aceptó la presencia de una misión de observación y prometió no poner impedimentos a sus movimientos. La misión empezó el 6 e julio de 1998 en Priština bajo el nombre de Misión de Observación Diplomática en Kosovo, formada por diplomáticos acreditados en Belgrado.

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La intransigencia de Belgrado y las divisiones de los albaneses kosovares

Es en este contexto donde la importancia política del UCK se hizo imposible de ignorar. La postura de Rugova y la ofensiva de la policía serbia hizo que la posición de la población albanesa de Kosovo se radicalizara. Fruto de esta circunstancia, Richard Holbrook, enviado especial de EUA, intentó mantener contactos con los mandos del UCK. El primer encuentro tuvo lugar en la localidad “liberada” de Junik el 24 de junio de 1998. En esta reunión Robert Gelbard intentó que el UCK reconociera el liderazgo de Rugova a cambio de participar en las negociaciones. Unos días más tarde, el 29 de junio de 1998, nace en Priština un nuevo partido aunque con protagonistas conocidos. El nuevo partido, el Movimiento Democrático Albanés (Levizja Demokratike Shqiptare) es presentado en Priština por su presidente Rexhep Qosja (Fórum de los Intelectuales Albaneses de Kosovo, por su vicepresidente Hydajet Hyseni (antiguo miembro de la facción radical del LDK) y por su secretario general Mehmet Hajrizi. Los dos últimos, antiguos aliados de Rugova.

Rugova, cada vez más solo y aislado, invitó a Demaci y Qosja a una reunión el 15 de julio, después de expresar su voluntad de llegar a una acuerdo para compartir el liderato de los albaneses de Kosovo. Demaci y Qosja propusieron a Rugova la posibilidad de crear un Consejo de Salvación Nacional, presidido por él, pero donde tuviera participación el UCK. Rugova rechazó esta posibilidad. En aquellos momentos, ni la oposición a Rugova ni el UCK reconocían la autoridad del Parlamento escogido en las elecciones clandestinas de 1992.
El 13 de agosto, Rugova presentó un nuevo equipo negociador formado por cinco personas, todas ellas, excepto Fehmi Agani (facción moderada del LDK) incondicionales de Ibrahim Rugova. Este nuevo equipo negociador recibió el apoyo del mediador de Estados Unidos, Chris Hill. Una vez más, Estados Unidos volvía a apostar por la figura de Rugova como interlocutor en la solución del conflicto. El mismo día, miembros del UCK hicieron público el documento "Declaración Política núm. 7", en el que Adem Demaci era nombrado representante político del UCK en la creación de las instituciones de Kosovo.

La ofensiva del verano de 1998

Durante todo el año 1998, el Gobierno yugoslavo denunció 83 incursiones ilegales de individuos armados desde la vecina Albania y enfrentamientos con la policía fronteriza. El Gobierno yugoslavo también acusó a las autoridades de Albania de permitir el rearme y entrenamiento de los guerrilleros del UCK (a los que denominaba terroristas) en su territorio, concretamente en la zona fronteriza de Tropoja, Bajram Curri y Has. El Gobierno de Belgrado argumentó que el UCK estaba formado mayoritariamente por mercenarios de Albania, Arabia Saudita, Yemen, Afganistán, musulmanes de Bosnia y de Croacia. Pero claro, esta era la versión oficial del gobierno yugoslavo. Tampoco se debe olvidar, sin embargo, que el UCK era un grupo armado que utilizaba la fuerza para conseguir sus objetivos y, por tanto, susceptible de cometer hechos y acciones denunciables.

A mediados del mes de julio, el UCK hizo público que ya controlaba el 40% del territorio de Kosovo. Esta información no pudo ser verificada, ya que las autoridades serbias no dejaron entrar observadores en el territorio. Según informaciones de personas presentes en el territorio en el mes de julio, es verdad que el UCK controlaba muchos pueblos pequeños, pero eran pueblos aislados donde no llegaba la policía serbia, y donde la presencia del UCK se limitaba a la presencia de dos o tres soldados armados. Hasta aquel momento, las acciones del UCK se podían contar por éxitos. Fue en el mismo mes de julio, el día 18, después del ataque por parte del UCK en la localidad de Orahovac, cuando la policía y el Ejército yugoslavo desencadenaron una ofensiva militar en toda regla, con la que reconquistaron todo el terreno que habían dejado conquistar al UCK con una pasividad manifiesta. A finales de agosto, Adem Demaci, representante político del UCK, admitió que habían cometido un grave error en su estrategia. La política de defender territorio conquistado ante un Ejército potente y preparado como el yugoslavo resultó un intento estéril. Demaci dijo que en el futuro el UCK adoptaría la "clásica táctica de la lucha de guerrillas".

La ofensiva de la policía y el Ejército serbio se extendió desde julio hasta octubre de 1998. Es en estas circunstancias cuando el conflicto en Kosovo derivó en la opción de la guerra. Las consecuencias de esta escalada militar en Kosovo perjudicó, una vez más, a la población civil desarmada. Según un informe del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR, del 1 de septiembre de 1998, el total de desplazados y refugiados albeneses kosovares era de 241.700 personas. 170.000 desplazados al interior de Kosovo, 35.000 a Montenegro, 20.000 al resto de Serbia, 4.700 refugiados a Bosnia-Hercegovina, 14.000 a la vecina República de Albania y 1.000 a Macedonia. Muchos de estos refugiados y desplazados estaban diseminados por la frontera albano-kosovar y en el interior de Kosovo en condiciones donde la supervivencia era complicada, sobre todo para la gente mayor y los niños, que eran la mayoría. El ACNUR dice que el número aproximado de estos desplazados era de 100.000. Muchos de estos refugiados se veían imposibilitados para volver a sus casas, a causa de la política de "tierra quemada" que llevó a cabo el Ejército yugoslavo. Según el ACNUR, se estima que 15.000 casas fueron destruidas. Además, todas estas familias, la mayoría agricultores, no pudieron cultivar sus campos por la huida, cosa que hizo que sus perspectivas más duras en caso de un hipotético retorno. El 22 de agosto de 1998, el jefe del ACNUR en Priština, Eduardo Arboleda, denunció la peligrosidad de los trabajos de distribución de la ayuda humanitaria a estos desplazados. Afirmó que el nerviosismo de los rebeldes ya había provocado situaciones muy tensas y que en ocasiones la policía serbia impedía esta distribución con la intención de evitar la presencia de testimonios incómodos de su ofensiva.

El 27 de agosto, el ministro de Asuntos Exteriores francés, Hubert Vedrine, dijo en una entrevista al periódico Le Figaro, que tanto Estados Unidos como el resto de los países europeos estaban preparados para una intervención militar. Las posibilidades de llevar a cabo una negociación con garantías eran muy escasas. La clase política de los albaneses kosovares estaba muy dividida, y sus facciones armadas diseminadas por el territorio y sin ningún control político. Sin embargo, Hubert Vedrine dijo que esperarían los resultados de los trabajos de mediación sobre el terreno de Chris Hill. A medida que pasaban los días la idea de una intervención militar iba tomando cuerpo.

La imposibilidad de encontrar interlocutores válidos en Kosovo, la catástrofe humanitaria de los refugiados y el miedo a que la guerra se generalizara a Albania y Macedonia, y potencialmente a Grecia, Bulgaria y Turquía, hizo que la OTAN amenazara a Yugoslavia con una intervención militar. Según Javier Solana, secretario general de la OTAN, la Resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas 1199 (1998) habilitaba a la Alianza a amenazar, e incluso a utilizar la fuerza, para mantener la paz y la estabilidad en la región. Otras personas, especialistas en derecho internacional no comparten esta visión de Javier Solana. La intervención militar de la OTAN no se produjo finalmente en ese momento, pero sí más tarde, en marzo de 1999. El derecho internacional estipula claramente que cualquier intervención armada de este tipo ha de ser ordenada y admitida por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (capítulo IV de la Carta de las Naciones Unidas), y bajo ningún concepto mediante una decisión unilateral de una país o de una Organización Internacional Armada. Bajo el punto de vista de l'Observatori Solidaritat la resolución antes mencionada (1199) no habilita a la OTAN , en ninguno de sus párrafos, a tomar unilateralmente la decisión de poner en marcha una operación militar.

Finalmente, con la amenaza fue suficiente. Milosevic llegó a un acuerdo en el último momento con el delegado de la OSCE, Bronislav Geremek, el 16 de octubre de 1998 (Acuerdo Milosevic-OSCE del 16 de octubre de 1998), en el que Milosevic aceptó un despliegue de una misión de observación de la OSCE (Kosovo Verification Mission) para verificar el cumplimiento de las condiciones de la Resolución 1199 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Esto detuvo la intervención a la espera de los trabajos de verificación de la misión y de los esfuerzos mediadores de Richard Holbrook en las negociaciones.

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